CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DEL 78

SOCIEDAD CIVIL MALAGUEÑA Y EL ANIVERSARIO DE NUESTRA CONSTITUCION

 6 de diciembre 2021

Una vez más, tenemos el honor y la alegría personal e institucional de poder celebrar el aniversario de nuestra Constitución aprobada en 1978. Y ese honor y alegría se deben a que más allá de ser un canto a la libertad, a la concordia y a la convivencia, redactado por lo que bien podríamos definir como verdaderos hombres de estado, ha sido y es un auténtico referente de conducta y regulación del orden social.

Recordemos aquí lo que un colaborador de Sociedad Civil Malagueña (SCM) decía hace más de dos años  “la vida política española de los últimos años parece marcada por una exigencia irrefrenable de algunos partidos por reformar la constitución de 1978” (Carlos Barrio) olvidándose de responder a dos cuestiones:   la primera,  es sí existe o no una real demanda social de cambios constitucionales y  la segunda,  la de sí sus propuestas de reforma de la Constitución van o no van a resultar en sí mismo constitucionales, no en el sentido procedimental, sino en el sentido sustantivo del término constitución, es decir en el de los derechos del ciudadano. Y esas preguntas se han de formular pues, en nuestro país, ciertos políticos tienen una idea del orden constitucional que no respeta ni la división de poderes, ni los derechos individuales ni la soberanía popular.

Debemos recordar que ceder ante tales pretensiones cuyos fundamentos nunca han sido ni aclarados ni explicados resultarían peligrosas para la convivencia entre españoles pues alterarían un marco que en España nada, ni nadie, ha sabido presentar algo alternativo serio que pudiera superar ni el espíritu ni el texto de la Constitución vigente.

Al respecto, SCM considera y es menester señalarlo que lo más sagrado que tenemos hoy en día en la politica española, por haber sido el mejor e insuperable marco de convivencia, cohesión, equidad, justicia y bienestar de la historia de España, es nuestra Carta Magna y que para abordar los problemas y las tensiones sobrevenidas ni es necesario, ni es conveniente en modo alguno, revisarla ni siquiera en sus más pequeños detalles. En sentido contrario, hacerlo puede llevarnos, por lo tanto, a la conclusión de que la intención es destruirla para crear e imponer en su lugar un nuevo orden de corte identitario y excluyente. Así, buena parte de los desajustes con los que nos podemos encontrar cotidianamente pueden y hasta quizás requieran modificaciones normativas pero todas ellas cabrían en y no requerirían, por tanto, mayores rangos normativos que los definidos en las propias Leyes, y por tanto cualquier intención de hacer creer a la ciudadanía que hay que, que es necesario e imperioso modificar la Constitución solo puede ser interpretada como una acción de manipulación a ultranza de la ciudadanía y constituirse como un proceso de ingeniería social perversa,  para dirigirla hacia fines “inconfesables”, conllevando, por lo tanto,  en nuestra opinión gravísimos riesgos. Por añadidura, la tensión social alcanzada en estos últimos años en el seno de la Sociedad y hoy en día particularmente, requiere, exige, que ciertos aspectos de extrema sensibilidad no se aborden jamás en estos contextos y momentos de irritación colectiva. Solo un entorno distendido y amistoso en el seno de la sociedad española pudiera facilitar un tipo de aproximación de análisis dialogado sobre las necesidades reales de nuestro país. Un “estado de guerra” nunca sería un buen marco para el arranque de cualquiera que fuera la revisión analítica propuesta, con la que, de entrada, SCM no estará sin duda de acuerdo. Pero, además, hay otras razones.

Los “reformistas” parecen movidos en sus pretensiones de dar satisfacción a aquellos que promueven ideas identitarias, nacionalistas e idiomáticas. Y por ello debemos recordar  que la Constitución Española (CE) establece en su Artículo segundo que ésta se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas (no exenta tampoco de críticas por otros sectores políticos opuestos a los “reformistas” ya que creen  imputable a nuestra Constitución, por su Título VIII de organización territorial del Estado, los desmanes que hoy se viven), siendo el castellano, como señala el Artículo tercero, la lengua española oficial del Estado que todos los españoles tienen el deber de conocer y el derecho a usarla.

Hemos subrayado la cuestión de la lengua porque junto con el sistema educativo han sido y son recurrentemente el caballo de batalla del hecho político y territorial en nuestro país, como mecanismo de cohesión identitaria, a veces excluyente y desintegradora. Obviamente existen otros elementos imputables a cada hecho nacional como el territorio, la cultura, la historia e incluso la propia economía, entre otros,  que conforman asimismo un sentimiento identitario de pertenencia a un colectivo determinado (nacionalidad) que en sus extremos es la fundamentación de la ideología disgregadora, diferencial, excluyente respecto de los demás  y finalmente separatista  (en sus peores expresiones y manifestaciones) y del sentimiento de “apartheid” que se fundamenta en alcanzar un marco legal y político que justificaría las posiciones y sentimientos racistas, discriminatorios, insolidarios,…, en suma,  xenófobos.

¿Y qué relación guarda lo señalado con esa pertinaz tendencia a convencer a los ciudadanos de que podemos y debemos reformar el hecho constitucional y encaminarnos hacia otra figura diferente a la conocida, como sería el “hecho federal” – aunque adopte varios apelativos como entre otros “Nación de Naciones”

Avancemos pues una opinión.  El federalismo en sí mismo no debiera plantear graves problemas intelectuales “ex ante” y así nos encontramos que países tan prósperos, sensatos y respetables como por ejemplo Austria, EE. UU., Alemania, Suiza, Bélgica, México lo son mientras que España (con un moderno, eficaz y brillante marco constitucional), Italia Francia o el Reino Unido son, en cambio, Estados descentralizados. Además, el nivel de descentralización en España en la práctica roza lo federal. Pero lo que sí resultaría importante y transcendente sería de aceptar cualquier discusión previa sería de saber a qué tipo de federalismo se referirían, como se oye habitualmente, los “reformistas. De qué hablan o no quieren hablar aquellos que lo quieren imponer.  Esa es la gran cuestión. Lo primero es que no debemos olvidar que, en política cotidiana de café,  a veces se puede confundir (intencionadamente) Federalismo con Confederación, lo que es radicalmente diferente y diametralmente opuesto. El federalismo partiría de la existencia de un solo Estado compuesto por varias unidades descentralizadas con un Poder legislativo, un ejecutivo y un judicial de la Federación y otros de las unidades federadas, no pudiendo, y ello es esencial subrayar,  abandonarse la federación por parte de sus unidades constituyentes, pero con dos ordenamientos jurídicos, uno subordinado a otro superior y con un sistema de reparto de competencias que se definen como exclusivas, compartidas y/o concurrentes en cada caso. Por su parte, una Confederación se caracteriza por estar configurada a partir de un conjunto de Estados soberanos e Independientes, que, sin perder su independencia real, conforman una asamblea destinada a adoptar solamente los acuerdos comunes, preservando cada Estado la facultad de anular los acuerdos adoptados o alcanzados e incluso proceder a la secesión.

Por otro lado, nos encontramos con que existen diferentes tipos de federalismos. Así, el federalismo simétrico es aquel que se sustenta en la igualdad de competencias de cada ente que lo conforma; esto es, cada territorio tendría en el Estado federal los mismos derechos y poderes, mientras que por ejemplo en un federalismo asimétrico cabría encontrar uno o varios territorios (¿Estados, Naciones?) con más o menos atribuciones; este es un hecho frecuente en los países de composición multicultural y se dan casos como Quebec en Canadá que tiene una lengua oficial diferente  a la del resto del país (y que parece ser una recurrente aspiración en ciertas regiones de  nuestro país como Cataluña, País Vasco e incluso Galicia). Debemos llamar además la atención sobre el hecho de que, en Europa, sólo dos países tienen movimientos identitarios basados en los aspectos lingüísticos/idiomáticos como base de su acción (opuestos al individuo y sus derechos inviolables): España, Vascongadas y Cataluña, (originariamente movimientos políticos conservadores) y Bélgica (con un movimiento flamenco ultraderechista).

Del ejemplo anterior cabe por tanto resaltar que las características, formas, mecanismos, alcances y regulaciones son tan diferentes y complejos que un único termino sencillo pudiera no ser suficiente para aclarar los objetivos perseguidos, exigiéndose caracterizaciones y calificativos adicionales. Y, dado el grado de oscurantismo y “manipulación” al que nos vemos sometidos habitualmente, SCM llama a reflexionar y estar atentos al devenir político y al alcance de las propuestas que al respecto se presenten por parte de quienes fueren. Si aceptáramos la cabida politica del hecho separatista en nuestro marco normativo en la España actual – en cualquiera de sus formas dulcificadas- estaríamos aceptando la capacidad de un territorio de separarse del Estado de las Autonomías (de la “federación”), encontrándonos más bien con un hecho de tipo confederal que en nada se parece a nuestra constitución, ni se permite, ni se puede contemplar entre sus objetivos básicos y que, de facto, la ofende plenamente. Aceptar un hecho federal sin mas como alternativa al actual modelo tampoco resolvería esta última cuestión pues parecería no dar satisfacción a una parte de ciertos territorios. Y, además, cabría saber si en la España de hoy estamos   preparados para asumir y aceptar un federalismo asimétrico como el exigido -hoy por hoy- por ciertas CCAA, siguiendo el modelo que nos ha traído hasta aquí.

Por todo ello, Sociedad Civil Malagueña no puede por lo tanto aceptar ningún modelo federal que persiga centrifugar el Estado para dar rienda suelta al centripetismo antidemocrático y antiliberal de los nacionalismos excluyentes y xenófos. Y dicho de forma más sencilla, SCM no puede permitir que se engañe a la ciudadanía con términos más o menos vagos y con el objetivo inicial, pero intermedio, de “ir modificando la Constitución” para abocar como ultimo objetivo a una ruptura constitucional. SCM realizara en este sentido un control y un seguimiento muy estrechos y una crítica radical respecto de todas aquellos intentos y propuestas que al respecto se formulen.

Autor: afrucha13

Militar, escritor y poeta.

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