El diván de Mariam (XLIX)

Mujer tumbada en diván Paulina Bonaparte -Dorado

Los hombres también sienten

Existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Encontramos mas diferencia entre la forma de sentir, que en la de expresar. Nuestras emociones e imperfecciones son las que nos hacen humanos.

Los pequeños detalles marcan la diferencia, y hacen de ello grandes momentos, y es por eso que en ocasiones todo lo que necesita un hombre para sentir, es una caricia. Nada más. No tantas palabras, solamente quieren ser reafirmados, acogidos y valorados, por el contacto de esa mano pasando suavemente por su piel. Acariciar les ofrece una calma afectiva, mental, y necesitan ser tocados por la persona que ama, para ser “reconocido”. Nada es tan complaciente como una caricia inesperada y suave. Son alimento del alma y la mente, para poder sentirse parte del mundo y amado. Equilibrio interno y bienestar psicológico. Construye vida, la reafirma, edifica y teje un manto invisible que los une a esa persona que se aloja en su corazón.

La ternura de una caricia regalada sin condiciones, despierta sentimientos y emociones positivas, mediante las cuales, reconocemos, envolvemos e integramos en nuestro ser a una persona. Son parte de nuestro sentir, son palabras grabadas en la piel que necesita recibirlas, alejan la soledad y lo llenan de alegría.

El hombre se siente renovado, paciente, relajado, además de sentirse querido. Aprecia esa paz que le transmite sentir el calor de la mujer, pues fortalece su autoestima. Como si estuviese completo. Esas caricias de intenciones puras y amorosas los nutren y las necesitan, porque los hombres también sienten, también les duele el alma, están tristes, se enfadan, lloran, se estresan, se frustran, tienen valores y se enamoran. Seamos conscientes las mujeres de esto.

Los aleja del frío para acercarlos a la autenticidad, a vincularse a conmoverlos desde el interior. Su valentía y bondad sale a raudales, al sentirse valorados, respetados y amados. Se acaricia para calmar, atender y gratificar. Transmitimos con ello una parte de nosotros mismos, creando un vínculo. De ahí que debemos ofrecerlas con calma, con ternura, entregando esos mensajes cómplices que no necesitan palabras, solo sintiendo el corazón.

Animo a las mujeres a que empiecen a practicar la caricia con sus parejas, no por esperar nada a cambio, sino por el placer de entregar.

Mariam,    2018.-

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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