El diván de Mariam (XLVII)

Mujer tumbada en diván Paulina Bonaparte -Dorado

La depresión

 

“Sonríes, pero no eres feliz.

Lloras, pero no hay lágrimas.

Mueres, pero sigues respirando”.

 

La enfermedad del alma, en la que deja de tener sentido tu vida, nada te interesa, nada te sorprende, te sientes vacío. La soledad recorre tu cuerpo y mente y pierdes la ilusión por todo. Lo que te hacia feliz y te gustaba, ya no está……leer, escuchar música, hacer el amor, viajar, etc.

Apenas comes, o lo haces en exceso. Pasas noches sin dormir o duermes días enteros. No quieres ver a nadie, ni hablar con nadie, porque todo te sobra, hasta tu mismo, y a veces piensas en que quisieras cerrar los ojos y no despertar nunca más. Es una espiral agotadora, por el pesimismo y la falta de energía.

La pena te ahoga y lloras sin cesar, piensas que tu vida no vale la pena, que fracasaste en el trabajo, una y mil veces en el amor, sientes que nadie te valora. Pesa el cuerpo, los pensamientos y la vida. Todo escuece y todo agota. Amargura que borra la idea y los sentimientos de esperanza.

Pero no todos experimentan la depresión de la misma forma. Nos sorprenderíamos al descubrir que quienes sonríen, son altamente funcionales, bromistas, y tienen una vida social de lo más agradable, también la padecen. Definirlo seria así: la apariencia de felicidad hacia los demás, cuando se viven los síntomas de la depresión de forma interna. Quienes viven con ella, han aprendido a ocultar sus emociones y demostrar, solo, lo que se espera de ellos.

Temen que los consideren débiles o raros, y lo más importante en estas personas es la tristeza. La sonrisa es el mecanismo de defensa contra el exterior en un intento de ocultar los verdaderos sentimientos. Tristeza por una relación fallida, un trabajo complicado, falta de propósito en la vida, o la soledad no deseada, como algo en su vida constante de que no esta bien, puede llevarlos a sentirse ansiosos, enojados, con miedos excesivos, cansados irritables y sin esperanza.

Se sufre sin dar señal alguna de su problema al exterior. Con su mascara todo parece perfecto. La reacción será siempre negarlo, ya que existen sentimientos negativos enmascarados, como el miedo y la inseguridad.

A veces las cosas no salen como esperamos y se nos acumulan. Entonces dejamos de encontrarle sentido a todo, a la vida, y a nuestra propia existencia. Cuando la angustia llegue y la depresión acose, míralas pero no las abraces, contémplalas pero no las imites.

Te animo a que creas que todo puede cambiar, y encontrar las respuestas como una sorpresa a través de la vida. Con gestos y aptitudes que te ayudaran, este lastre dejará tu vida y será solo un recuerdo de un pasado que ya no volverá.

Intenta no aislarte aunque sea eso lo que te nazca, y afrontar las situaciones estresantes que nos hacen sentir mal, es importante para poder ir cerrando heridas y hacerles frente. Esta situación o condición, no es síntoma de debilidad. No es algo que uno elige o provoque. Hay que cambiar el enfoque e ir más allá. Solo hay que dar un paso, el mas valiente de todos, pedir ayuda y comprometerse con uno mismo.

El apoyo psicológico lo necesitamos para equilibrar el estado emocional y curar los pensamientos. Debemos darle la importancia que se merece a nuestras heridas para que puedan ser sanadas. Aprendamos a cuidarnos como merecemos y no incendiemos nuestra mente de un dialogo interno de desmerecimiento y menosprecio a nuestras emociones y problemas. Calma ante tanta confusión. A través de ahí llega la claridad.

Nos enfermamos por alcanzar cierto nivel, que los demás nos exigen. Nos limitamos por no escucharnos, no centrarnos, por no tener contacto con nuestra voz interna. Recuerda que la mayoría está dispuesta a apoyarte de la misma forma en que tú lo has hecho. Hablar de lo que sientes es vital para lidiar con pensamientos depresivos. Buscar un confidente puede ser clave para analizar lo que sientes y te preocupa, ya que esa persona te escuchará y también te ayudará a ver las cosas con otra perpestiva. No pienses que  serás una carga. A veces nos olvidamos de que quienes nos rodean, nos quieren mucho,  siempre nos apoyan, y como decía Carl Gustav Jung “Un encuentro de dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas, si hay alguna reacción, ambas se transforman”.

Mariam,   2018.-

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

2 comentarios en “El diván de Mariam (XLVII)”

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