Cap. 46: Canción que nunca acaba

Cancion que nunca acaba

Son las cinco en punto de la tarde. El cabo Condal aguarda la comparecencia de Daniel Martín. Ya se está retrasando, piensa el cabo. Mientras llega, se entretiene repasando una y otra vez los documentos del caso. Por su mente comienzan a pasar las preguntas que le hará al sospechoso.

Daniel Martín comparece acompañado de su abogado. Un letrado de Málaga, bastante avezado en estas lides, con un porte elegante a la vez que informal. Ambos se dirigen al despacho de Condal.

Condal:  Buenos día señores, tomen asiento, en unos minutos comenzaremos.

El cabo utiliza la estrategia de “poner nervioso” al declarante. Delante de ellos se dedica, por varios minutos, a repasar el expediente y a mover papeles de un sitio para otro.

Abogado:  Buenos días Cabo, espero que esto sea lo más rápido posible. Estamos dispuestos a colaborar, no le quepa duda.

Condal:  No se preocupe abogado, intentaré ir al grano. Les hago saber que esta declaración va a ser grabada.  Señor Martín, ¿puede indicarme donde se encontraba el día de autos a las 15:30 horas?

Daniel Martín: Como ya le dije anteriormente, ese día   me levanté sobre las ocho, baje a desayunar y en cuanto el sol comenzaba a calentar me dirigí  a caminar hasta la hora de la comida. Lo hice en el pueblo. Sobre las cuatro bajé a la piscina de La Biznaga. No estuve mucho tiempo. No había nadie. Allí recibí la llamada e inmediatamente subí a mi habitación para preparar mis cosas para la partida. Lo comenté en recepción y me despedí del lugar.

Condal:  Ya lo recuerdo, exactamente esa fue su declaración. Parece un poco raro que en la piscina a esa hora no hubiera nadie, haciendo calor y siendo una época propicia para el baño. Bien, ha dicho que estuvo en el pueblo, ¿por donde exactamente?

Daniel Martín:  Caminando, hacía buena temperatura y me apetecía caminar.

Condal:  ¿No paró en ningún sitio? ¿Ni siquiera para tomar café?

Daniel:  No, en ningún sitio, había desayunado bien y no me apetecía toma nada.

El cabo Condal, a medida que iba declarando Martín, iba tomando nota. Llegado a este punto, la expresión del declarante le hizo anotar “miente”.

El abogado permanecía en silencio, observaba el interrogatorio y en algún momento se dirigió a su defendido pidiéndole tranquilidad.

Condal:  ¿Conocía a la finada? ¿Habló alguna vez con ella?

Daniel: La conocía de vista. Nunca hablé con ella, solamente con el señor que se encuentra en recepción.

Condal:  Le voy a confesar una cosa Martín, tenemos un testigo que le vio hablando con ella en la piscina, ¿Cómo me lo explica?

Daniel Martín se sintió descolocado. Comenzó a sudar. Miró al cabo con desprecio y se dirigió con un gesto de sorpresa a su abogado.

Abogado:  Condal, ¿Dónde está ese testigo? Le advierto, no juego con mi defendido o daremos por concluida esta comparecencia.

Sin duda Condal tenía un as en la manga. No sabemos si era un farol o realmente existía ese testigo pero el efecto que había conseguido en el sospechoso era sintomático. Una persona, se dijo el cabo, que no tiene nada que esconder no hubiera reaccionado así…

….continuará.

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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