Castúo en la diáspora (IV)

manos de amor

En recuerdo de los tiempos en que jugaba con mis primos en aquellos campos, tan ajenos y tan nuestros, rodeado de amor y verdad. Y de mi abuela, la madre de mi padre- mujer sencilla, trabajadora, incansablemente buena; dura como una encina y suave como la seda- Desde la melancolía y la hermosa memoria. A mis padres y tíos, ya idos, con quienes tanto quisimos. Y, por siempre, a mis hermanos y primos, esos “Caballeros” que hacen honor a su apellido.

 

TUVE ENTRE MIS MANOS

Tuve entre mis manos las serenas

noches donde bailan las estrellas,

amándolas desde el apacible suelo.

Y también, en mitad de una Torre,

el Alcaraván jugando con el silencio.

Tuve entre mis manos, de serenas

Inquietudes, un hermoso hueco;

la parva y el viento; también la Luna 

caprichosa besándome de terciopelo.

Tuve entre mis manos el sudor de

otros entre pajas de un sombrero,

y el mío propio entre el orco y el cielo.

Y un sueño, tuve un hermoso sueño.

Tuve entre mis manos unos niños que

jugaban en el patio de otro colegio

y, entre costales de trigo, yo con ellos.

Niños que lloraron tuve que ya no tengo. 

Tuve un doblado en la algarabía de Julio,

que subí muy cansado y bajé corriendo, 

y la seda con miel que se fue derritiendo. 

Y tuve, también, hace mucho tiempo,

una humilde faldiquera de oro que,

al ritmo de un sonajero, me llamaba a la

limosna cuando pecaba de lisonjero.

Y una procesión, con la mies en la esquina,

en la nueva calle de mi viejo pueblo.

Tuve paz y armonía en mitad del miedo

junto a la rocosa sombra de mi árbol viejo.

Y camas para no dormir muchas tuve,

entre blanco satén y almohadas de acero.

Y amores, que antes de venir se fueron

como el agua del mar por entre los dedos. 

Tuve las campanas que, de tañer alegrías,

se doblaban compungidas tañendo duelos.

Tuve entre mis manos, sin darme cuenta,

la verdadera historia de mis abuelos,

y la apócrifa, sobre papeles mojados,

junto a la blanca tapia de un cementerio.

Tuve entre mis manos, en supina ignorancia,

lobos de armiño con piel de cordero,

y unas cuantas brujas que me poseyeron

junto a otras que quise pero no quisieron.

También, cuando con Hades en el abismo,                                                  

Hadas buenas izándome desde el infierno.

Tantas cosas tuve que ignoré que tuve

¡Muchas más de las que sé que tengo!

que ignoro cuando estoy dormido

Y, más aun, cuando estoy despierto.

 

Francisco J. Caballero Torino (Agosto 2013).-

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

2 comentarios en “Castúo en la diáspora (IV)”

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