Castúo en la diáspora (I)

extremadura

 

EXTREMADURA ES…               

                                            (El sur es un desierto que llora mientras canta.- L. Cernuda)

 

Extremadura es un grito que calla mientras sufre,

un profundo silencio de miradas extenuantes,

la hermana pobre de los dolores infinitos;

un llanto seco, lívido, que añora la lluvia regando el destino.

Extremadura es la cuna para los que nunca durmieron,

la cama perfecta para oradores de cielos.

Extremadura es un suelo pardo al estío,

esperanza al invierno;

una calamidad ajena de encinares yuxtapuestos.

Extremadura es, y, dicen, bastante tiene con serlo,

una subvención, un desierto;

un alma en pena sin pena, un dolor y un sufrimiento.

Es un patrimonio infinito para que lo disfruten ellos;

es un regato, una luna, un cante y mil monumentos.

 

Extremadura, es José, el que parió Almendralejo;

es Carolina y el Gévora, es la nacencia y su credo.

Es Valdés y su Jovino, el de las Brozas y Torrero;

es un puente, un acueducto, cien presas y dos mil templos;  

es uno que sobre lienzos pinta y miles que no recuerdo;

es un alcornoque, una encina, una bellota, un cerdo.

Es un Cortés, un Pizarro, tal Valdivia y un tal Pedro.

Es la aventura infinita de  tantos aventureros

que si contarlos tuviera necesitaría muchos más dedos.

Extremadura es toda ella, un hermoso cementerio;

es vetona, lusitana, romana y mora; de caballeros. 

Es, una yerma torre en mitad de un vil injerto

que añora la bizarría de pretéritos ancestros.

Extremadura, es la luz en la oscuridad del averno;

es un Sol, una aceituna, un candil, un riachuelo.

Extremadura, es un cortijo azul, maravilloso y abyecto,

que detentan los señores entre aplausos de plebeyos;

es la glosa de una estirpe que se muere sin saberlo,

la alabanza más sublime que loar pueda el silencio,

la finada descendencia de los viriatos guerreros.

Extremadura, es algo así como la quintaesencia del miedo

que se diluye en las manos entre sombras y pañuelos,

es un campo de amapolas en soliloquio y respeto;

la verdad y la injusticia, la impotencia, el desconsuelo.

Es una magna belleza, un manicomio de buenos, 

una sonrisa en un pozo  mirándose en el espejo.

Es la jara que se dobla con el peso de un jilguero;

es el amor hecho pausa, es la pausa del cordero.

Extremadura, es un lobo más domesticado que fiero, 

la antítesis de sí mismo y de sus olvidados pueblos,

un amor que se enamora de un imposible sendero,

un cobarde y un valiente matándose por no serlo.

Extremadura son dos -dicen los sabios postreros-

Cáceres y Badajoz.  ¡Polifónica de genios!

 A todos ellos les digo: “¡Capitalinos soberbios!

Es un punto suspensivo, ignorado pero eterno”

 

Francisco Javier Caballero Torino (Agosto 2013)

 

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

5 comentarios en “Castúo en la diáspora (I)”

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