Cap. 21: Canción que nunca acaba

Cancion que nunca acaba

Mariela ha comenzado a preparar la cena alrededor de las siete de la tarde. Preparó una ensalada y ahora se encuentra aderezando la carne. De segundo va a preparar hamburguesa con patatas fritas. Quiere deslumbrar a su chico con la cena.

Una vez ha terminado se dirige a la ducha. Se siente bien, feliz con la llegada de Rubén. El agua cae en su cuerpo y logra abrazarla. Por un momento y, con el recuerdo del argentino, se llega a excitar. Se para y concluye que ahora no es el momento….

Con puntualidad exquisita, las ocho y media de la noche, suena el timbre de su casa. Camina un poco nerviosa y abre la puerta. Rubén con un ramo de flores en la mano la saluda con un dulce beso. Le invita a pasar y  éste le da la cazadora para que se la recoja.

La mesa del salón está muy bien decorada. Los platos brillan, las velas relumbran, los cubiertos bien posicionados y una botella de vino tinto en un lateral.  Mariela va a buscar un recipiente para las rosas rojas que le ha regalado Rubén.

Mientras él comienza a abrir el vino, que no se le resiste, ella trae la fuente con la ensalada que se dispone a servir.

Mientras comen, empiezan a charlar de una forma distendida. Sus miradas cada vez son más intensas. Sonríen, Rubén le ha comenzado a explicar su llegada a España, no exenta de aventuras tanto en la ruta como en el aterrizaje. Mariela está muy guapa. Lleva puesto camisa blanca, una falda vaquera corta y unos zapatos sin excesivo tacón. Las velas son testigos de la química entre ambos.

Comienzan a dar buena cuenta del segundo plato. Las hamburguesas son del agrado de Rubén. No están ni muy hechas ni muy crudas. En su punto. Alrededor de ellas, las patatas caseras  hacen la delicia del invitado.

Para el postre la anfitriona preparó tiramisú. Excelente en su paladar, exquisito este manjar con tanto cariño preparado.

Mientras quitan la mesa, comentan de tomar una copa. Rubén se encarga de preparar dos gin tonic. Los adereza con un par de rodajas de pepino amén de untar los bordes de las copas con limón.

Están tomando y sentados en un cómodo sofá. Andan cogidos de la mano y de vez en cuando oleadas de besos les inundan.

En uno de ellos, un poco más largo que el resto, sienten la unión de sus cuerpos. Comienzan a excitarse. Esto ya es imparable. Mariela toma delantera y logra, en un visto y no visto, quitar la camisa de Rubén. Éste reacciona bien y copia la actitud de ella. Los besos y abrazos continúan. Poco a poco y con caricias logra quitarla el sujetador. Sus pechos turgentes saltan como una billarda, los acaricia, los besa, los idolatra…..

Mariela  no puede parar. A pesar de no estar muy cómodos en el sofá, no descansan. El cinturón del pantalón, casi sin querer, se sale de su espacio. Suavemente ella lo toma en sus manos y lo posa en la mesita. Las velas continúan ardiendo en la mesa contigua. Todo es silencio, sólo se oye el jadear de sus cuerpos.

La falda hace rato ya que ha volado. El pantalón  descansa en la mesita, cada vez más protagonista como unidad de apoyo. Se unen sus cuerpos, mucho. Rubén todavía va por el cuello de Mariela, aunque sus manos sabias continúan en sus pechos. La excitación de la hembra cada vez va más en aumento. Él no se  queda atrás, sus atributos hinchados como globos infantiles dan cuenta del grado en que se encuentra el varón.

Un largo beso de martillo da paso al reposo de Rubén en el sofá. Ella, ávida cual delantero ante el posible gol, se sube encima y comienza a cabalgar, ahora suave, medianamente cadenciosa y ya por fin cabalgando como si estuviera en uno de esos potros de feria, con la idea de tirarla al suelo. Rubén, todo excitación, imponente como un toro en su salida de toriles, acepta de buen grado la batalla. Permanecen por tiempo en esta postura, cada vez más fusionados.

Rubén toma iniciativa. Algo le susurra al oído a la bancaria. Ella sonríe. Se levanta y se sienta. La erección es palpable. Mariela se sitúa encima de él dándole la espalda. Cuando siente en su interior toda la pasión del argentino se le escapa un grito. Todavía al escucharlo la pareja se excita más y en poco tiempo llega la embestida final. No se corta Rubén en la llegada, Mariela la recibe con los honores que corresponden.

Tirados en el sofá, con la excitación presente en su cuerpo, respiran con sonoros y melodiosos ruidos de fondo. Su respiración delata lo bien que se lo han pasado.

Mariela le toma de la mano y lo conduce a su habitación. Sobre el lecho se prometen amor y acuerdan iniciar una nueva vida para ambos. Rubén se dirige a sus labios y sus manos nuevamente acarician sus pechos. Es el nuevo inicio de otra batalla a lidiar. Para ellos, este comienzo de tanta ternura y pasión, empieza una andadura que será marcada por el amor, el entendimiento y la pasión.

Dormidos permanecen después de tanto esfuerzo. Un ruido de la calle les despierta al cabo de unas horas. Rubén se levanta, va hacia la ducha y al poco tiempo ya se está vistiendo. Besa a su chica y le dice que mañana quiere verla. Desea trasmitirle su opinión sobre el proyecto de la casa rural. Ya le anticipa que le gusta y que está dispuesto a irse con ella.

…..continuará.

 

 

 

 

 

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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