Cap. 16: Canción que nunca acaba

Cancion que nunca acaba

A las ocho de la noche el Centro Comercial Príncipe Pío es un hervidero de personas en viernes. Mariela acaba de salir del metro y se dirige a la puerta de los cines. Enciende un pitillo y espera que aparezca Rubén. Pasados sólo diez minutos el argentino se presenta. Se saludan con corrección y comienzan el siguiente diálogo:

Rubén:  Hola hermosa, llevas tiempo esperando, ¿no?

Mariela:  Que va, apenas diez minutos. Has sido puntual. Gracias.

Rubén:  ¡Que bien te sienta el bolso! Además lo has sabido conjuntar con lo que llevas puesto.

Mariela:  Gracias Rubén, sí me gusta como me ha quedado.

Rubén:  Te apetece que piquemos algo o quieres que demos un paseo por aquí. Dime, por favor.

Mariela:  Pienso que lo mejor es ir a algún sitio para tomar algo y después si quieres damos un paseo, como veas.

Rubén:  Bien, te voy a llevar a El Molinón, no se si lo conoces. Estupendo ambiente, mejor comida. ¿Vamos?

Mariela:  Sí, lo conozco. Una vez hicimos una cena de empresa y quedamos muy satisfechos.

Se dirigieron al restaurante. Estaba justo enfrente de donde se encontraban. Había mucha gente, mas todavía quedaba algún hueco para nuestra pareja.

Consiguieron una mesa en un rincón del restaurante. Charlaban mientras les servían la bebida y esperaban lo que habían pedido de raciones. Jamón y queso y una ensalada tropical fue su petición. Sus palabras dieron paso a unas miradas retadoras, de esas que te hablan incluso más que la boca. Todo iba desarrollándose en un ambiente de complicidad y bienestar. Llevaban apenas quince minutos en el restaurante, cuando en una sorpresiva aparición, al fondo del restaurante, asomaron Natalia y Carlos. Se les acercaron. Dijeron que venían del cine y querían picar algo. Les invitaron a sentarse. La velada se convirtió en una reunión a cuatro.

El camarero trajo las primeras viandas solicitadas y comenzó a anotar la de los nuevos comensales. Después de realizadas las presentaciones por parte de Mariela, Carlos saltó  alguna de sus cosas que hicieron reír a la concurrencia. Este hombre utiliza esta estrategia natural para romper el hielo e inspirar la confianza entre las personas. Es genial.

Zaira está acicalándose para ir a la estación de Atocha. Su malagueño llegará en apenas media hora. Está guapa la niña. Sin duda sorprenderá, muy positivamente, a Marcos.

El Ave, con puntualidad británica, está llegando al andén. En el interior de la estación espera Zaira. A lo lejos adivina la figura de Marcos. El corazón le da un vuelco y cuando se aproxima hacia ella, se funden en un abrazo tierno y esclarecedor del ya amor naciente.

Zaira le pregunta por el viaje. Él le dice que muy bien, rápido y cómodo. Le comenta si tiene hambre, si le apetece tomar algo. Ahora mismo no, tal vez más tarde, prefiero darme un baño y luego salir, contestó Marcos. Cogidos de la mano se encaminan al metro. La noche del viernes es un ir y venir de personas. A esta hora el suburbano está abarrotado. Gente que va o viene del trabajo. Estudiantes en retirada. Y los ninis, bueno los ninis son capítulo aparte. Ellos con la mirada perdida del porro y ellas…. todas iguales…. con falda corta de negro, muy rubias, rubias la mayoría del bote. ¡Qué país!

En el restaurante los comensales conversan amigablemente. Natalia sacó el tema de La Biznaga, dijo que Marcos vendría a Madrid esta noche, se lo había dicho Zaira. Carlos indicó, en este punto, que sería bueno reunirse mañana sábado. Es la ocasión para poder tomar decisiones en común, finalizó.

Rubén no entendía lo de La Biznaga. Mariela le hizo un resumen del proyecto. Él se mostró sorprendido. Siempre, indicó, tuvo el sueño de hacer algo igual. Nunca encontré a la persona adecuada para llevarlo a cabo, acabó diciendo.

Nuestros personajes, ahora apunto ya de redondearse en seis, se encuentran en un periodo de disfrute. Pronto tendrán que tomar decisiones importantes. Lo mejor de todo es que sus corazones, en algunos casos, ya comienzan a latir. Su parcela emocional les va a conducir a hermosas sensaciones y  parajes……

…. continuará.

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

6 comentarios en “Cap. 16: Canción que nunca acaba”

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