Cap. 28: Las mentiras del viento

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El subinspector al terminar su entrevista con la doctora se adentró en el centro antes de dirigirse a la comisaría. Había pensado comer antes y se dispuso a entrar en unos de los primeros restaurantes que encontró en su camino.

Tommy Restaurant estaba muy concurrido. En cuanto pudo pasar se acercó a la barra con la intención de solicitar una mesa. En un pequeño giro para apreciar si había alguna libre, observó que se encontraba Sara eligiendo el menú con un camarero.

Se acercó a ella y le pregunto si no le importaba que comieran juntos. Sara le invitó a sentarse y un gracias muy sensible salió de la boca de Thomas. Esta pareja tenía química. No había más que observar las miradas que se cruzaban. Con una sonrisa lo recibió ella, con una tierna mirada la recibió él.

Como te encuentras le preguntó a Sara. Bien, dijo ella, un poco cansada del trabajo de hoy. Le he pedido permiso a Amanda para no ir esta tarde. Necesito descansar. Yo también me tomaré la tarde libre, dijo el subinspector, la comisaría aún me debe vacaciones….

Regresó el camarero dispuesto a indicarle a Sara un cambio en el menú y a informarle del mismo al nuevo comensal. Tomaron unas cervezas, brindaron por ellos. La conversación discurría distendida, hablaron de sus quehaceres propios, sin entrar, para nada, en el caso que a los dos les ocupaba.

Daban cuenta del primer plato, ensalada tropical, cuando Thomas le hizo ver lo atractiva que estaba hoy, a pesar de que el cansancio hacía mella en su rostro. Sara con una breve sonrisa asentía y le dio las gracias.

Sara llevaba unos vaqueros ajustados, camisa blanca y el pelo rubio suelto. Él chaqueta, sin corbata, y unos pantalones también vaqueros. No hacían mala pareja estos dos. Casi igualados en altura, unos 1,75 cms., con complexiones delgadas. Realmente ella estaba muy atractiva, con casi sin maquillaje mostraba lo espléndida de su expresión.

Después de tomar ambos un pescado , en postre hicieron diferencias, ella pidió una tarta de chocolate y el se comió un plátano.

Ya en el café estaban muy distendidos. Reían con las ocurrencias de Thomas, que hablaba sobre un programa de humor de la televisión. Pasaban un buen rato, especialmente ella, que le iba desapareciendo el cansancio de la cara y él cada vez sintiéndose más cercano.

Invitó el subinspector. Ya se iban a despedir cuando Thomas le indicó que si podía acompañarla a casa. Asintió Sara y en un corto paseo llegaron a la puerta de su casa. 

Una vez allí y antes que iniciaran el proceso de despedida, Sara le dijo que si quería subir a tomarse algo. Thomas le dijo que sí y el ascensor fue testigo de ello.

Mientras ella le preparaba un whisky , él permanecía sentado en el sofá. Reían de nuevo recordando las anécdotas que contaba Thomas sobre el programa de televisión.

Sonaba  una música melódica, comenzaba a caer la tarde en Springfield. En un momento dado estaban tan cerca el uno del otro que Thomas le tomó la mano y acarició su rostro. Inmediatamente Sara sintió cómo su cuerpo respondía a tales caricias, se dejó llevar y un esperado beso de martillo les unió definitivamente.

Un beso largo y sentido. Thomas acariciaba al mismo tiempo la melena de Sara, ésta posaba las manos en su espalda… el ambiente se estaba caldeando. Pequeños besos de él en los lóbulos de las orejas, en su cuello, en su barbilla y Sara comenzó a respirar muy profundamente. Llegaron los pechos, pequeños y redondeados, se inflaron, Sara gemía, el desabrochó su sujetador. Saltaron como billardas. Mientras ella se disponía a quitarle la camisa. Los besos y las caricias se multiplicaban….

Una vez desnudos, Thomas pudo apreciar lo hermosa que estaba, su maravillosa figura. Sara quería más, más y más. Con gestos certeros, así se lo hizo saber. El gozaba con cada movimiento de ella. Primero se dirigió a su sexo, allí aterrizó suave y decidido. Permaneció algo más de diez minutos, moviendo su lengua sin tregua, sin cuartel. Ella ya no podía más. Espasmos en su cuerpo la catapultaban a la gloria. Se vino en dos ocasiones. Sus gritos, antes cohibidos, ahora dejaban la expresión del máximo gozo….

Le tomó su miembros y se lo acercó a su boca. Ida y venidas, apreciando la dureza del mismo… él ahora lanzaba gemidos, tibios al principios, decididos a medida del avance de ella.

Cuando ya casi estaban al límite, ella se abrió totalmente y  fue penetrada con lentitud, casi sin llamar, con la absoluta convicción de que a Sara era lo que más le gustaba, la ternura del momento.

Nuevamente llegó ella, ya eran tres, y al poco Thomas sacó de sí lo mejor de él, que inundaba toda la entrepierna de Sara.

Así permanecieron unos momentos, sin decir nada, hasta que el sueño dio buena nota del amor que comenzaba a nacer…..

….Continuará.

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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