Cap. 23: Las mentiras del viento

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Han pasado más de treinta minutos desde que comenzó el interrogatorio. A Sara le ha parecido una eternidad. Allí está sentada, frente a los dos hombres que continúan en silencio.

Thomas con sus manos ocupadas en una carpeta donde se lee “informe confidencial” levanta su mirada de la  misma y con voz grave y acercándose a Sara le pregunta:  ¿Qué suceso le ocurrió hace más de tres años? Exactamente un 14 de abril, en la peluquería donde trabaja, continuaba el subinspector. ¿Nos lo puede relatar?

Definitivamente ha sido un golpe de efecto. Ella nunca hubiera pensado que saldría a relucir esa gran tragedia de aquel fatídico día. Lloró en silencio. Permaneció callada un par de minutos y se armó de valor para contarlo…

Era un viernes cualquiera de la peluquería. Había sido una jornada agotadora. Muchas clientas nos visitaron. Yo también me había arreglado el cabello. Me había dejado media melena y el tinte aún más rubio. Amanda poco antes del cierre dijo que tenía que irse pues debía de realizarse la prueba del vestido de boda. Me quedé sola  una vez que había salido la última clienta.

Llamaron a la puerta. Era Paul, que como siempre, venía a recoger a Amanda. Le abrí y preguntó por ella. Le indiqué que había salido a la prueba del vestido de novia, que al menos tardaría como una hora más y que ella ya se iba a retirar.

Paul dijo, bueno, me sentaré aquí y la esperaré. ¡Qué guapa estás Sara!, te favorece mucho el corte de pelo. Se lo agradecí con una sonrisa y me dirigí al cuarto de baño. Pretendía pegarme una ducha antes de marcharme.

Me puse a cantar una canción, siempre lo hago. Me relajaba el agua, era un bálsamo después de una agotadora jornada.

Se me hizo oir la puerta del baño, pero no me preocupé. Será otro ruido, me dije. Al cabo de unos instantes y una vez apartada la cortina que velaba por mi intimidad veo enfrente de mí a Paul. Su cara estaba desencajada. Era todo una furia que se abalanzó sobre mí.

Me sacó de la ducha. Apagó el agua y agarrándome fuertemente me llevó a una habitación contigua donde disponíamos de una especie de almacén con objetos de peluquería.

Comencé a gritar, no podía oírme nadie. Alrededor de la peluquería sólo existen negocios y oficinas que ya habían cerrado. Comenzó a besarme, a magrearme, yo me defendía y le preguntaba, por qué, por qué, por qué.

Consiguió quitarse la ropa. Besaba mi boca, mi cuello, mis pechos…. su miembro ya estaba por la zona y con toda la resistencia del mundo logró introducirlo en mi vagina.

Mis gritos ahogados, mi sudor frío, mi miedo latente no pudieron parar la embestida….

Cuando terminó y eyaculó dentro de mí… me maree. Perdí el conocimiento y desperté, creo, unos quince minutos después. Ya había caído la noche y no había rastro ni de Paul ni de Amanda en la peluquería.

Cerré con pestillo el baño y me dirigí a la ducha. Comencé a llorar y me derrumbé. Me parecía increíble lo que me acababa de pasar. Decidí salir de allí corriendo y dirigirme al hospital de guardia…

…..Continuará.

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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