Cap. 12: Las mentiras del viento

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Mikel estaba aproximándose a la puerta de la peluquería, ahora  cerrada. Tocó el timbre y Sara se disponía abrir. Se saludaron con un sonoro beso y le invitó a que pasara. Faltan unos minutos, me arreglo y nos vamos, dijo la nueva enamorada.

Cuando estaba dentro se quedó pálido. Tenía ya enfrente suya a Amanda…. Sara les presentó y ambos se dieron la mano. Los dos estaban estupefactos. Rompió el hielo la jefa de la peluquería, encantada le dijo, el respondió un “igualmente” apenas sonoro. Sara no se enteró de nada, ella no podía adivinar lo que estaba pasando.

Cuando ambos se quedaron solos, Sara se había ido a acicalarse, Amanda se dirigió a él y le pregunto:¿Estais saliendo?  El le respondió que sí, que estaban iniciando una relación y que cuando la conoció a ella todavía no salían.

Amanda, perpleja por las casualidades, sonrió muy fríamente y le dijo que quería verle a solas. Le alargó una tarjeta con el teléfono de su casa y le rogó que por favor la llamara. El guardó la tarjeta y prometió hacerlo.

Sara salía la mar de contenta después de su acicale. Los dos se despidieron de Amanda y se dirigieron hacia el centro de la ciudad. La jefa de la peluquería se sentó en el pequeño sofá donde normalmente esperaban su turno las clientas y con la mirada contrariada se puso a pensar en el destino, qué cruel era con ella, murmuró.

Todavía estaba  pensando en su desdicha cuando sonó el teléfono. Era Paul al aparato. Le preguntaba qué tal estaba y le proponía invitarla a comer, pues su marido se hallaba de visita protocolaria y como ella sabía no le gustaban esos actos.

A los quince minutos llegaba a la peluquería. Amanda ya se había arreglado y Paul le propuso ir al centroo. Tomaron un taxi a los pocos metros del local.

El centro estaba lleno de gente. Los bares y restaurantes de la zona se afanaban en atender a los muchos clientes que tenían. Decidieron ir a un restaurante donde solían ir cuando eran novios….Manila era su nombre. Allí hacían una mezcla de comida asiática y americana.

Esperaron que llegara el maitre para que les asignara mesa. Estaba muy concurrido. Tuvieron que esperar unos minutos y les asignaron una mesa al fondo de la sala. Cuando se encaminaban a sentarse Amanda dijo:  – Hola, que casualidad, en el mismo sitio – Saludaba a Sara y a Mikel, quienes cortesmente les contestaron, – sí, se come bien aquí – Luego nos vemos dijo Amanda y nos tomamos algo.

Sara estaba muy guapa. Feliz y radiante. A Mikel se le notaba contento, la miraba mucho, con esa expresión de complicidad enamorada.

La no pareja se sentó y pidieron lo de siempre. Rollitos de primavera, arroz tres delicias y pollo al limón, ninguno de los dos había variado su gusto en la comida asiática.

La velada de ambas parejas se iba desarrollando con total tranquilidad, comentarios apenas influyentes, risas y dando merecida cuenta de una comida que a los cuatro les atraía…

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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