Cap. 11: Las mentiras del viento.

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Los rayos de sol les despertaron. Era sábado, las ocho de la mañana. Sara fue la primera en levantarse e irse a la ducha. Frotaba su cuerpo con parsimonia. Se sentía muy feliz esta mañana. Quince minutos más tarde ya estaba saliendo del agua y se aprestaba a maquillarse para integrarse en su trabajo.

Despertó a Mikel, se había vuelto a dormir, con un beso muy suave… y una caricia a sus cabellos. El se despertó tan alegre que le devolvió el beso y se incorporó a donarle un mágico abrazo.

Ella  se dirigió a la cocina y mientras él se duchaba, ella preparaba un rápido desayuno.

Ambos sentados en la cocina daban cuenta de un café americano con tortitas que  Sara se había encargado de preparar.

No estaban muy habladores, eso sí no dejaban de mirarse y sonreir.  Sara rompió el hielo y le propuso que a mediodía se pasara a recogerla por la peluquería. Asintió él y le confirmó que sobre las 14:30 se pasaría  para comer juntos.

Realmente ninguno imaginaba lo que podía ocurrir. Mikel en la peluquería de Amanda…. buff de todo podría suceder.

Se despidieron en la calle. La peluquería le cogía cerca a Sara, apenas unas manzanas. Mikel tomó un taxi, que pasaba en esos momentos, y se dirigía a su casa. Hoy le tocaba limpieza de hogar.

Ella llegó sobre las diez a su trabajo. Ya había clientas, hoy sábado, a la espera de que comenzara la jornada laboral.  La jefa andaba a lo suyo, organizando el trabajo. La miró y le sorprendió la expresión de su cara… la veía hoy muy bella… con un brillo especial en los ojos. Sí, le dijo Sara, esta noche ha sido magnifica, he dormido acompañada y lo he pasado muy bien, seguía, como nunca había soñado….

Amanda se alegró pero no quiso alargar la conversación, las clientas esperaban ya ansiosas, quería estar perfectas para el fin de semana, para gustar, para ser observadas por sus parejas o tal vez para ser elegidas por pretendientes. Cosas de mujeres, como se suele decir.

La jornada se estaba desarrollando con normalidad. Las clientas, satisfechas, entraban y salían. Ya apenas quedaban tres y Amanda cerró la puerta y colocó el cartel de cerrado.

Mikel ya había terminado su zafarrancho. Hoy, pensó, la invitaría  a quedarse a su casa. Pulida quedó su vivienda, lejía y perfume, encendió varias varillas de canela, cambió sábanas y le dedicó un tiempo muy especial al cuarto de baño.

Tomó su coche y se encaminaba hacia la peluquería. Eras las dos de la tarde. Hacía un sol de justicia, las calles estaban repletas de gente. Le costó localizarla así como encontrar aparcamiento….

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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