Cap. 9: Las mentiras del viento

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Mikel, Cabezatele, seguía al pie de la letra los consejos de Ann, su psiquiatra. Estaba esperando acontecimientos. Continuaba con la medicación y con la rutina de su trabajo. Era viernes y había terminado de trabajar pronto. Mientras comía en su casa se le ocurrió mirar, en el periódico local la cartelera, le llamó la atención de una película que protagonizaba Michelle Pfeiffer, una de sus actrices favoritas, cuyo título era EL PRECIO DEL PODER, acción, crimen, drama y suspense. Suficientes ingredientes para una buena jornada de cine.

No estaba lejos la sala de su casa, apenas unas cuantas manzanas. Había cola en la taquilla, la película, una reposición en cartelera, atraía a muchas cinéfilos. Sin darse cuenta alguien le tocó el brazo y cuando se giró vio a Sara, Rubiadelbote, a su lado. Se saludaron con dos efusivos besos. Ambos se pusieron contentos al verse. Se preguntaron por cómo les iba y ya casi les toca sacar las entradas. Mikel le dijo que la invitaba y Sara aceptó encantada.

La pelicula colmó las expectativas de nuestros personajes y de la totalidad de la parroquía que al final de la misma lo demostró con un estruendoso aplauso.

Sara le dijo que como le había invitado le quería devolver el cumplido, invitándole a uno de esos centros de comida rápida.

Mikel se sentía aturdido al lado de esta belleza. Sara sentía paz y gozo con su presencia. Ambos pidieron una hamburguesa doble y un par de colas. Comenzó la velada muy bien. Sara le contó de su trabajo, él del suyo. Parecían los dos esquivar su primer encuentro.

Sara ya no podía más y le preguntó que tal lo había pasado la primera vez. El le dijo que bien, aunque le resultó raro acabar en su casa y de aquella forma. Se sintió atribulado y por eso se fue. Le pidió disculpas por las formas. Ella las aceptó y de aquello sacó la conclusión de que era un hombre bueno. No intentó abusar de ella, la respetó, algo que en estos  tiempos no solía ser normal, pensó para sí Sara.

Eran casi las once de la noche. En la ciudad se notaba la llegada del fin de semana. Los bares y demás establecimientos estaban abarrotados. Terminaron de cenar y Mikel propuso dar un paseo. La noche, a diferencia de la anterior, era apacible y solamente una suave brisa acariciaba sus cuerpos.

Sara en un momento de la caminata tomó la mano de Mikel. Ella su mano derecha ardiente, él su mano izquierda carámbano, a los dos les gustó y proseguían su paseo como si fueran novios tradicionales, de esos que ya apenas se lograban ver….

….. Continuará.

 

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Autor: afrucha13

Escritor, poeta, persona dinámica y viajero incansable. Solidario y optimista. Soñador y realista. Sensible, social y amigable. Me siento orgulloso, sobre todo, de ser buena persona.

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